Alfred Nobel era un hombre como otro cualquiera que había inventado la dinamita y que se dedicaba a la noble profesión de dirigir su propia empresa de fabricación de armamento. Un armamento que se usaba para matar gallinas, conejos y personas.
Una mañana de 1888, mientras tomaba su noble café con leche, se sorprendió al leer su propio obituario (noticia sobre una persona fallecida) en un periódico francés que decía: "el mercader de la muerte ha muerto". Se trataba de un error, el fallecido era su hermano, pero empezó a rayarse con el tema de cómo lo recordarían en el futuro y tal. Así que este asesino noble fabricante de armas decidió reescribir su testamento y sacarse de la manga unos premios a los que donó el 94% de sus activos "entre todos aquellos que durante el año precedente hayan realizado un mayor beneficio a la humanidad". Los llamó, en un ataque de creatividad inaudito y que aún hoy se sigue alabando, Premios Nobel.

Por cierto, un libro que jamás recibirá ningún premio pero que tampoco lo pretende es I LOVE MISTAKES, donde se recogen historias como esta y muchas más. Cómpralo ahora en el crowdfunding de Verkami y no te arrepentirás NEVER!.

Comprar el libro